La política internacional finge ser historia en vivo y es, casi siempre, relleno. Tratados que copian tratados anteriores. Discursos generados por el mismo molde que se usó en 1945, en 1989, en 2003. Guerras justificadas con argumentos que ya se desacreditaron dos veces en el mismo siglo. El mundo nunca aprovecha el día. Rellena con texto de muestra y espera que nadie note que es el mismo texto desde hace setenta años.
Serbandes escribe sobre eso. Sobre los momentos donde el molde se rompe y se ve la costura. Sobre los imperios que no aceptaron que eran imperios hasta que los llamaron por su nombre y ya era tarde. Sobre las fronteras que se dibujan con la certeza de que van a durar mil años y duran once días. Sobre las teorías políticas que explicaban todo hasta que no explicaron nada, y los académicos que siguieron explicándolas de todos modos porque ya tenían tenure.
La tesis implícita de cada transmisión de esta categoría: el poder no funciona como los libros de poder dicen que funciona. Los libros se escribieron para estabilizar la lectura que convenía a quien los escribió. Serbandes los lee contra su voluntad.